30 Jul
Aunque la realidad era bastante distinta, los libros nos enseñan que los piratas eran unos tíos que ensartaban gabachos y se pasaban por la quilla a cuantos españoles se terciara en nombre de su graciosa majestad. Luego llegó Espronceda y su cancioncilla y les otorgó ese aire romántico de libertad insolente que ha durado hasta nuestros tiempos. Bravos marinos luchando por el oro español con la rebeldía del que lo hace defendiendo una causa justa; la de librar al mundo del imperialismo celtíbero. Que el oro fuera a parar al fondo del mar la mayor parte de las veces o a las barrigas de los Lores ingleses era un tema sin demasiada importancia.
Hace unos meses el secuestro del playa Bakio nos devolvió al siglo XVII. Como la crisis también azota los mares, los piratas no se parecían a galanes de Hollywood y el galeón asaltado resultó ser un atunero, lo que no debería extrañarnos al precio que está el pescado. El caso es que el gobierno estudia la posibilidad de contribuir al envío de una flota internacional para limpiar las aguas del índico de semejante lacra. ¿Disfrazarán a los soldados de Damas de alta alcurnia para que sirvan como gancho?.Nuestro gobierno planea la extinción de esa tradición marina, de ese oficio para el recuerdo que ya no puede competir con los tiburones de wall street y cuya personalidad se forjaba al igual que la de algunos partidos políticos; perdiendo sucesivos miembros. Ya lo dice el refrán: hay que renovarse o morir; así que hoy lamentablemente el sable deja paso a las nuevas tecnologías. En fin. Tenía razón mi abuelo: soy un nostálgico.




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