Vistos los posibles escenarios de la crisis y sus repercusiones políticas y sociales, nos queda preguntarnos ¿Cómo afectará la crisis a los mileuristas?. Cuando la tarta se hace pequeña es complicado que nos toque la guinda. La subida del Euribor y la contracción del mercado son elementos negativos para una sociedad endeudada y entrampada hasta las trancas; o lo que es lo mismo, una auténtica putada.

 

En líneas generales la sociedad lo pasará mal y cuando esto ocurre, el resultado no es bueno para casi nadie. ¿Bajará el precio de la vivienda?. Si, pero nadie te va a prestar un Euro para poder comprarla. ¿Se moderarán los precios de algunos productos?. Puede, pero nuestro problema va a ser tener ingresos para poder evitar el día a día.  Ya hemos mencionado algunas posibles consecuencias sociales en el primer link y no es cuestión de repetirlas. 

 

El modelo de desarrollo español se ha basado en mano de obra barata y productos de escaso valor añadido. Hoy ese modelo parece que ha llegado a su fin y como todo lo que termina, lo hace con un estruendo desagradable y doloroso. El mercado se está contrayendo y la crisis pasará a todos los sectores de aquí a pocos meses. La consecuencia natural es que muchos de nosotros terminemos en el paro.

 

Quizá nos hemos centrado demasiado en temas políticos en estos últimos meses. Lo hemos hecho así ( es culpa mía) porque la política y la economía son elementos cruciales para poder juzgar lo que nos rodea ( la política entendida como gestión e ideología, no como trapicheo). Si se hacen las cosas bien, necesitamos una economía mucho más planificada y liderada hacia la sociedad. Si se hacen las cosas bien,  el Estado deberá estimular el talento y la creatividad en detrimento del cambalache y deberá hacerlo a través de las empresas. Si se hacen las cosas bien, la reconstrucción y el liderazgo económico de este país deberán estar basados en empresas capaces de agregar valor; porque no nos olvidemos de que esta es una crisis provocada por el exceso de liberalismo y la especulación salvaje y pase lo que pase, la solución no puede ser nunca más liberalismo. Cuando en un país da igual lo bueno, lo malo y lo regular, el resultado siempre es el triunfo de la mediocridad; ese ha sido el milagro español de las últimas décadas; el éxito del todo vale donde el charlatán se cotiza más que el  que aporta algo.

 

En resumen. Si se hacen las cosas bien el país lo pasará mal – de esa ya no nos salva nadie - , pero si se ponen los pilares de manera correcta, quizá sea una oportunidad para el mileurista. Una oportunidad y una responsabilidad, porque de nosotros terminaría dependiendo la creación de un mercado laboral más justo y solidario y de momento, no nos caracterizamos por planteamientos más complicados que el del “sálvese quien pueda”. Así de claro y así de triste.