8 Jul
La semana pasada fuimos al cine con la ilusión del infante que tan solo quiere disfrutar de aventuras sin fin, héroes mitológicos invencibles y villanos de la peor calaña que no disfrutarán sino un horrendo e implacable final a manos, o espada del galán de turno. Y pensamos en ir a ver la segunda parte de Las Crónicas de Narnia”, cuya primera parte no era para echar cohetes, pero bueno es fantasía, hay efectos especiales, batallitas, y siempre puedes esperar que la cosa mejore: ya no tienes que perder precioso tiempo presentando personajes, lugares, etc, con lo que tienes más espacio para la historia en sí. Pues tururú.
En esta segunda parte los cuatro chavales regresan a Narnia, pero el discurrir del tiempo es diferente, y cual efecto relativista allí han pasado 1000 años, por escasos meses en la Tierra. El orden que dejaron establecido en Narnia ha cambiado. Ya no es el mundo de fantasía que dejaron, donde todo era paz y armonia (una vez superado los malentendidos con la Bruja) entre todos seres vivos, ya fueran cuadrúpedos, bípedos o demás. Ahora nos individuos muy malos, los Telmarinos han terminado por relegarles a los lugares más inhóspitos y recónditos, hasta que su propia existencia (la de los antiguos habitantes) se ha convertido en leyenda. La magia se extingue en Narnia. Y como esto no puede ser, los chavales se embarcan en una aventura para recuperar el antiguo mundo que dejaron, que pasa por encontrar a Aslan, el león, que esta de vacaciones, y pasa de todo. Por el camino se encuentran al heredero del imperio talmarino, que casualmente, está huyendo de su tío, que se lo quiere cepillar para quedarse con el trono. Cosillas de la realeza. Ambas partes sumarán fuerzas para que todo vuelva a ser lo que era, o al menos e le parezca.
En nuestra humilde opinión el director, Andrew Adamson, que también ha metido mano en el guión, debiera ser crucificado, así, sin medias tintas. Lo digo por algo que ya comentamos de esto el viernes: el niño que estaba a mi lado en vez de emocionarse, gritar, reírse, pedir justicia divina, estaba más quieto que yo, sin decir ni mu, y ese era el ambiente generalizado en la sala. Creemos la culpa recae en el ritmo, lento y tedioso (en una peli de aventuras esto te descalifica), con parones que no vienen a cuento, fragmentaciones de la historia que no se soportan. Hay instantes en que la cosa no tiene ni pies ni cabeza, solo se limita a cumplir con ciertos tópicos para enganchar a los más pequeños.
Pero bueno aquí estamos los más adultos para darnos cuenta de la torpeza del director. De los actores mejor no decir nada, han elegido cinco individuos para intentar cubrir todos los tramos de edades infantiles, para que sea más fácil una identificación del público con los personajes, y poco más, decir que actúan sería hacerles un favor, y no estamos para tanto.
Luego entramos en el peligroso terreno del plagio: si alguno ha visto esto, o algún día tiene la mala fortuna de verla, que se revise la segunda parte de “El Señor de los Anillos” y comentamos las siete semejanzas, por no llamarlas copias, me limitaré a mencionar la batalla final, y los protagonistas del triunfo (ya veréis, ya). El final es de traca, pero eso lo dejamos para los más valientes que se atrevan a verla.
Conclusión: a evitar a ser posible, si tienes niños pequeños mejor los llevas a ver “La leyenda del DJ Frankie” y empiezas a explicarle lo malas que son las drogas y esas cosas, o incluso “Oh Jerusalén”, así para cuando crezca comprenderá mejor porque se siguen pegando en esa franja de tierra.
One Response for "Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian"
pues me has joio quillo, porqu pensaba verla a ver si me evadía un rato.
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