Zapatero sale mañana para Dinamarca con el objetivo de aprender de las políticas sobre energías renovables del país y contribuir a la creación de una agencia internacional encargada de desarrollarlas. Puestos a hacer Benchmarking, los países nórdicos son un buen ejemplo en cuanto a desarrollo y Estado de Bienestar, con los matices oportunos que siempre aparecen en las economías inmensamente ricas. En este sentido, a poco que el gobierno amortice su viaje resultará un acierto. Esperemos que el tema no quede en reuniones de gerifaltes y la ejecución del famoso plan impulsado por Alemania y Dinamarca se baje al suelo correctamente.

La humildad es una virtud que escasea en casa del nuevo rico y que suele dar mejores resultados que exhibirse ante Italia o Alemania, dando lecciones de economía. La necesidad española de nuevas fuentes de energía y la escasez de inversión en I+D+I son dos borrones que el gobierno tiene que abordar inmediatamente, porque vamos tarde. La idea no debería ser la de cambiar la especulación en torno al ladrillo, por mares de cristal y molinos de viento, sino la de equilibrar un país muy atascado en lo que a formas diferentes de hacer las cosas se refiere.

La política de Zapatero vuelve a ser de gestos, aunque en esta ocasión siempre es mejor un gesto que no hacer nada y perder definitivamente el tren del SXXI. Si la intención del presidente de apostar por fuentes renovables es definitiva, el país terminará por salir beneficiado. De todas formas, en un mundo donde cada vez son menos importantes las ideas y lo es más la manera de llevarlas a cabo, aún nos queda mucho terreno por delante.