1 Jun
Damasco. Siria
Damasco gana su asalto cuando hablamos de lo auténtico. Sin el encanto monumental de Estambul y su fusión de culturas, la ciudad se muestra como megalópolis pura en el corazón del Islam. La capital de un país en el eje del mal. La capital de un país donde aparecen los burkas y las contaminaciones turísticas apenas distorsionan la vida de los Sirios. Su bazar no tiene el colorido de otros bazares grandes donde los vendedores te atacan al grito de ¿Qué pasa neng? O te cuentan el último de Chiquito de la Calzada, pero en él compran los sirios; y las sirias muelen a codazos y empujones a las turistas en las colas del mercado, quizá algo resentidas con su libertad occidental.
Damasco tiene ese punto en sus mezquitas o en el barrio cristiano. El punto de la realidad sin concesiones y del día a día que pasa entre las miradas obscenas de los hombres a las mujeres poco tapadas. Puede que tengan que cambiar muchas cosas en ese país, pero ya he dicho aquí que cuando viajo no juzgo, solo observo y antes de que todo cambie, es interesante visitar Damasco.
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