1)     Economía basada en sectores de escaso valor añadido y fuerte competencia internacional

 

2)     Empresa española con excesiva dependencia del mercado interno y una incapacidad general para ser competitiva fuera de nuestras fronteras ( sobre todo Pymes)

 

3)     Peso excesivo de actividades como la construcción, la hostelería y el turismo en nuestra economía y por consiguiente, economía poco diversificada que aún conserva algunos rasgos típicos de países en vías de desarrollo.

 

4)     Fuerte movimiento especulativo en torno a la vivienda que ha imposibilitado una visión clara de la realidad económica española y sus debilidades en la última década, creando una sensación ficticia de riqueza y endeudando la economía familiar hasta límites no conocidos con anterioridad.

 

5)     Medidas macroeconómicas volcadas tradicionalmente en la flexibilización del mercado laboral para subir la competitividad ( abaratamiento), en lugar de en una inversión pública que posibilite añadir valor a los productos de las empresas nacionales.

 

6)     Incapacidad de los sindicatos para proponer medidas alternativas y presionar a los diferentes gobiernos para su cumplimiento. Los sindicatos del siglo XXI no solo tienen que defender los derechos de los trabajadores. Tienen que estar lo suficientemente preparados como para hacer propuestas económicas que afecten al mundo laboral y a la economía en general. El problema es que cuando no eres capaz de hacer lo primero, lo segundo es para nota.

 

7)     Desaprovechamiento de los fondos de cohesión europeos, sobredimensionando sectores como el agrícola y olvidándose de otros bastante más vanguardistas y generadores de valor añadido.

 

8)      Negligencia de la clase política de uno y otro signo para ir liderando un modelo de cambio durante las vacas gordas. Actualmente 30 o 40 bloggers de una u otra tendencia política firmaríamos la mayor parte de este decálogo. Ninguno somos Einstein. Si nosotros lo sabíamos, los políticos también.

 

9)     Desprecio e infrautilización de una generación preparada para realizar el cambio y que a día de hoy permanece frustrada viendo como las generaciones anteriores ahogan sus posibilidades y convierten al país en un reflejo de su propia mediocridad.

 

10) Excesivo despilfarro en la administración pública. Los trabajadores indirectos generan escaso valor (tanto en el sector público como en el privado), o lo que es lo mismo, si son eficientes, son un mal necesario; si su eficiencia es baja, un lujo impropio de las buenas gestiones financiado con el dinero de todos. No hablamos de reducir los recursos del Estado ( todo lo contrario), hablamos de optimizarlos para una mayor y más efectiva presencia en el mundo real.

 

 

 En resumen: El despilfarro de mano de obra cualificada; la falta de inversión institucional y empresarial en I+D, la falta de un plan global que ponga las bases en la competitividad de la empresa española a nivel nacional e internacional, el desprecio general por conceptos como calidad, excelencia, competitividad, Know How etc… la elección de actividades de escaso valor añadido para la inversión, la pasividad institucional para facilitar un cambio en la base de nuestro modelo de desarrollo en épocas de bonanza y el desprecio generalizado de la clase política para abordar debates de fondo cuando los números no van mal, son algunas de las causas que nos hacen bastante incompetentes. Por lo demás, el resto va de cojones.