Aunque parezca mentira el tema que toca esta tragicomedia ya ha sido llevado al cine anteriormente, aunque con otros matices, por supuesto. Se nos plantea las historia de Lars, un habitante de un pueblecito perdido en la America profunda, en medio de un estupendo frío, con escasa conexión con el “exterior”, con un cierto regusto a Cicely. El chaval tiene ciertos problemas de incomunicación con el resto del pueblo, hermano y cuñada incluidos, aunque Lars duerma en el garaje de la casa familiar. Gracias a un compañero de trabajo descubre las muñecas tamaño natural (eh?), y a partir de ahí todo cambia. En seis semanas el amigo Lars recibe una muñeca de esas. Lo gracioso, y trágico, del asunto es que la presenta a su familia y al resto de la comunidad (nunca mejor dicho) como una chica de verdad, negándose su cerebro a reconocer que lo que tiene entre manos es una silicona con forma humana femenina. Mira tú por donde que el pueblo decide seguirle el juego. Si es que no es mal chaval. Y así van las cosas hasta un final que no cuento.

Mucho se la jugó Craig Gillespie con esta película, más que con la temática con el tratamiento. El tratamiento lo es todo: supongo que habréis leído ese chiste que circula sobre como harían la misma escena directores como Woody Allen, Quentin Tarantino e Isabel Coixet, pues eso. No hace en toda la película ninguna bromita sobre muñecas hinchables, bueno si pero con gracia e indirectamente, ni convierte al protagonista en un zumbao del que se ría toda la peña, con situaciones forzadas o con un gusto más que dudoso. No, el tipo lo cuenta tranquila pausadamente, quizás el único pero es a veces necesitas avanzar más rápido en la historia, pero bueno es lo que hay. El ritmo de la película es el del protagonista, muy bien llevado por Ryan Gosling, y secundado por secundarios que cumplen de sobra dándole muchos matices a la cinta.

Decir que sigo sin entender como después de esto el director hizo “Cuestion de pelotas” (la de Billy Bob Thornton), por dinero por supuesto, pero me refiero al productor que lo eligió, no encuentro conexión. A medida que avanzaba la cinta me acordaba de un documental que vi sobre japoneses “inadaptados”: dos de las joyitas eran gente que compraba este mismo tipo de muñecas, pero no una, sino varias, incluso había un tío que tenía todo un harén (si digo treinta quizás me quede corto), y el otro grupo era los adolescentes(y no tanto), que se negaban a salir del cuarto; los viejos les dejaban la comida en la puerta y ellos como ermitaños, eso si dándole a la pleisteision como si fuera su último día en la tierra. Problemas de comunicación le llaman. Pues esos son los temas que aborda la cinta a través de Lars, pero contándolo con forma de tragicomedia romántica. Y eso, tampoco es la película del siglo, pero entretiene y hace pensar que hoy en día está difícil de ver.