Tachileik, Myanmar (antigua Birmania)

Apenas estuvimos un día en Birmania. La frontera desde Tailandia se cruza a pie y hay que estar de vuelta antes de su cierre a media tarde. Un par de viajes en tuc tuc y dos o tres visitas a templos no pueden darte una idea aproximada de lo que es un lugar, ni de la forma de funcionar de sus gentes; pero el contraste con su país vecino contagia la tristeza de un régimen corrupto y la cancioncilla rítmica de la miseria.

Dos días antes habíamos tenido un accidente en el río Kok del que salimos ilesos de milagro y en el que hubo huesos rotos, cabezas abiertas y secuelas psicológicas en algunos de los afectados. Una semana antes estaba en Noruega tras dejar definitivamente México y los restos de una empresa liquidada en apenas dos meses. Demasiada caña para acordarme de todo con nitidez.

De Birmania me llevé la sonrisa del chaval del tuc-tuc jugando a echar carreras con sus compañeros. En general el bullicio de esos y de otros viejos de 10 años ejecutando la deliciosa actividad de acojonar turistas, siempre me ha parecido un acto necesario de pequeña venganza internacional. Ese día, montado en el tuc tuc y haciendo disimuladamente contrapeso en algunas de las curvas, dejé de ser guiri y me reí con ellos. Espero que la última catástrofe que ha sufrido Birmania no les haya terminado de joder la vida.