“Internet nos ha cambiado la vida” nos dicen en el telediario a propósito de la celebración del día mundial de la cosa, ocasión celebrada con júbilo por los informadores de todo pelaje. A partir de esta convocatoria que tanto gusta, dia mundial del tal o cual cosa, los eslóganes publicitarios disfrazados de información están servidos. Porque, a decir verdad, la red está bien, sí, pero cambiarnos la vida es otra cosa. La vida nos la cambia el dolor, los acontecimientos inesperados, la reflexión, la guerra, los inconvenientes, las hemorroides y, a veces, nuestra querida familia. En los últimos años hemos aprendido a usar esta herramienta que dicen de comunicación como aprendimos antes a usar otras y aprenderemos después con las que vendrán. Tal es la característica definitoria como especimen deambulatorio y aturdido (léase, ser humano). ¿Que no podríamos vivir sin Internet? Eso nos dicen para que sigamos comprando software, hardware y escondiéndonos de los demás en nuestros cubiles perversos (al modo Enjuto Mojamuto), dejando pasar el hecho de que durante mucho tiempo estas y otras gangas de la tecnología no existían y se vivía igual de bien y de mal. ¡Cuidado, que vienen los apologistas de la cosa a acusarnos de tecnofobia y de negar el progreso! Ni mucho menos, pero cada cosa en su justa medida es más saludable que vivir cada día esperando que en el telediario te digan lo que te pasa, ¿o no?