Hay que reconocer que lo de los jerifaltes de este país es de delito. Pero pueden dar gracias porque la Justicia en España llega tarde y mal, y en muchos de los casos, nunca. El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, se ha sumado a mi pequeña lista de de declaraciones para reír por no llorar. Vamos, que lejos de pedir perdón en nombre de todas las personas que han ocupado su cargo en los últimos tiempos, le ha quitado importancia al informe del CGPJ que dice que hay 269.405 sentencias penales sin resolver. Eso sin hablar de las no penales, que seguro que el tema está peor aún.

¡Balones fuera! Bermejo ha imputado la culpa del asunto al régimen Franquista. ¡Claro! Como Franco era un dictador no le hacían falta tribunales, porque él mismo dictaba sentencia en todos y cada uno de los casos que se presentaban en los juzgados. ¡Ah! A veces el fallecido autócrata les es tan útil a las medianías políticas de nuestra democracia (creo que en el siglo XXII aún habrá politicastros de medio pelo echando la culpa de todo a Franco). No le salen los colores al Ministro porque el régimen se extinguiera hace más de 30 años, que digo yo que había dado tiempo para cambiar las cosas. Ni tampoco porque ha sido una clara traición a la tradición familiar, ya que su padre era el jefe local del Movimiento Nacional de su pueblo de nacimiento.

De “lento por excelencia” ha calificado este ministro, con vocación de aparejador, al sistema judicial. Por lo que se ve que el ministro asume que la justicia debe ser lenta para ser justa. Porque infiero que ha utilizado el término excelencia como sinónimo de antonomasia (RAE: 1. loc. adv. Denota que a una persona o cosa le conviene el nombre apelativo con que se la designa, por ser, entre todas las de su clase, la más importante, conocida o característica.) y no con el otro sentido, relacionado con la calidad o bondad de algo.

En vez de dedicarse a reacomodar su (nuestro) ático de más de 200 metros a escote con los demás contribuyentes y a echar la culpa de todo a un sistema que lleva supuestamente enterrado más de 30 años, creo que el ministro debería apechugar con los errores del sistema judicial durante la democracia. Desde luego no son culpa suya, pero los conocía cuando aceptó el cargo (a no ser que sea completamente idiota). Va siendo hora de que los políticos acepten que los cargos no son sólo para pegarse la gran vida, hacer grandes contactos y mangonear en general. Los cargos conllevan una responsabilidad que en España muy pocos asumen, que lo hagan es de Justicia.