Lo mejor que le puede pasar a un partido político es que su contrincante directo le haga la campaña electoral. El PP se la hizo al PSOE durante la pasada legislatura y el resultado ha sido 4 años más en los que Mariano Rajoy podrá reflexionar sobre sus errores, junto con Obispos, AVT y demás folklore derechista. Cuando un partido va en busca del voto perdido dejando a su paso un buen reguero de papeletas, no actúa como el Dr Jones, sino como Pulgarcito.

 

Es curioso ver como la historia puede repetirse cuando se tiene una necesidad histérica. En ese sentido el PNV está condenado a marcar la agenda política en las próximas elecciones vascas; y lo hará como siempre, jugando a la ideología para seguir en Lehendekaritza.

 

 Su táctica no es nueva, en la próxima reunión con Zapatero,  Ibarretxe necesita imperiosamente la negativa del gobierno ante su plan, para poder victimizarse y movilizar un electorado menguante. El Lehendakari sabe perfectamente que el PSOE no puede permitirse abrir ese frente e intentará aprovecharlo a nivel local. Hasta ahí no hay novedades; pero está vez el juego puede ser más peligroso que nunca para los propios nacionalistas.

 

Las declaraciones de Ibarretxe diciendo que llegará hasta el final son excesivas. A la hora de la verdad, el lehendakari sabe que al menos la mitad de su partido no le acompañará en ese viaje. El juego victimista es una necesidad electoral en el argumentario del PNV, como también lo es el poder echarse atrás esgrimiendo concesiones o argumentando que ahora no es el momento. Su electorado está acostumbrado y de alguna manera es lo que espera.

 

 El problema es que con sus palabras y su actitud acelerada, Ibarretxe se ha cerrado la segunda puerta. Solo le queda conseguir algo en Madrid para poder retirarse con cierta aureola de victoria. Demasiado riesgo; si Zapatero no cede una coma en una legislatura en lo que lo mas sensato es no ceder, y el lehendakari tiene que seguir avanzando por barrizales extraños, las tensiones internas pueden hacerle pagar un precio muy alto.

 

Por su parte el PSE lo tiene sencillo. Al final Zapatero e Ibarretxe le harán la campaña a Patxi López. Los socialistas vascos solo tendrán que recurrir a las buenas formas y a un discurso centrado en los problemas reales y en las inadecuadas pretensiones nacionalistas. Si hilvanan argumentos coherentes no necesitarán ningún frentismo como en el 2001, una parte del electorado del PP garantizará su crecimiento por inercia. Aún sabiendo que los resultados nacionales no deben ser extrapolados a unas elecciones autonómicas, los últimos comicios han dejado una situación interesante por lo anómalo; de cómo gestionen esta situación Zapatero e Ibarretxe dependerá el nombre del próximo lehendakari; pero ¿Qué será de los mileuristas? Ya se que no tiene mucho que ver con este post, pero he decidido acabar todos ellos con esta pregunta venga  a cuento o no ¿Qué? A Catón le salió bien con Cartago.