Cuando era pequeño la vaca lechera no era una vaca cualquiera. Para ser sincero nunca me creí que diera leche merengada, aunque fingía hacerlo por no fastidiarle la autoestima al pobre animal. Pasa un poco como con los Reyes Magos; a uno le cuentan la verdad en el colegio, pero se hace el orejas unos añitos más para que siga la fiesta.

  

Volviendo al vacuno y a la calidad de la teta; acabo de leer un artículo en expansión donde nos advierten de que el Estado ha incrementado su recaudación por multas de tráfico en el primer trimestre del año. Voy a ser sincero. Quizá no escribiría este post si no fuese uno de los que han contribuido a ello. 70 euritos del ala en la M 50 que salen de la misma teta que a estas alturas ya cubre mano y no es teta, sino grano. Así de chuchurría anda la cosa.

  

Pero el colmo de un gilipollas llegó ayer a mi casa en forma de certificado urgente desde la Diputación Foral de Vizcaya. Como uno va adivinando que la administración no felicita las navidades en Abril, el tema me acojonó un poquito. Un Lince, oye; Hacienda me reclama el pago del ejercicio pasado con recargos y todo. Hasta ahí lo asumo; Hacienda puede reclamar lo que le de la gana que para eso somos todos y entre tanta gente es normal que haya debate. El asunto es que ya había pagado.

  

Esta mañana me he pasado por el banco y el cajero me ha insinuado que estas cosas pasan cuando el fisco necesita pasta y que de momento, lo prudente es dejar que se salga con la suya - que en este caso es la mía -, volver a pagar y reclamar después. No tengo ni idea de si al venirme a vivir a Madrid el pago se ha perdido en el camino, pero lo que se es que alguien se ha llevado el parné y me ha dejado como al tonto de Rafael; solo me falta ese amigo que me mendigue un clavel.

 Que le vamos a hacer, como ya me ha dicho un colega liberal; ¿No eras partidario de los impuestos directos?; pues te jodes y repites curso fiscal. Vamos a ver como termina todo esto.