Londres (Reino Unido)

Desde el cobertizo de madera de un jardín de Londres la ciudad sabe a mate amargo, plomo gris y realismo mágico. Fui a Inglaterra a aprender Inglés y entre los folios de una tesis inacabada y el trabajo diario de los fogones, termine estudiando Uruguayo. Diez años después  me queda la voz rascada por el tabaco y el recuerdo lejano de la cara de Cecilia y su tono de  charla preñada de tango frente a una botella de vino. No viví el British museum, ni Covent Garden. Cuando la convivencia es íntima la atmósfera se espesa y la ciudad pasa discretamente a un segundo plano. Eso me llevé de Londres, la complicidad amable de una primera vida en pareja que matizó mucho tiempo mi sonrisa de sátiro consentido.

   Al final llegó el día que sabíamos que llegaría y el realismo mágico perdió su apellido para sacar el billete en el aeropuerto del que va de paso. Desde ese día le debo un post a Londres que se que no leerá y no me importa demasiado. Nunca pagaré la deuda, pero cuatro frases siempre pueden ser un anticipo.