Zapatero ha prometido prestar una atención especial a la investigación, desarrollo e innovación de este país en los próximos 4 años. Formalmente ha creado para ello un nuevo ministerio de innovación y ha reformado algunos de los concernientes a la gestión de actividades económicas. El objetivo parece ser el de impulsar la economía no solo desde las grandes pautas macroeconómicas; sino también desde el día a día y la economía presencial de trincheras.

 A priori es un acierto. En una realidad donde las grandes ideas ofrecen buenos o malos resultado según como se apliquen, el gobierno debe de poner cada día más énfasis en la manera de bajarlas al suelo. Este será el nuevo reto del gabinete. Lejos de las variables macroeconómicas, la gestión económica estatal debe de ir enfocada en la familiaridad con la empresa española; sobre todo con la pyme.   

El I+D+I no es solo el gran laboratorio molecular o el fichaje de las tres figuras estrella que salen en los periódicos. Debe de ir mucho más allá y articularse en consorcios regionales y nacionales por sectores, cuyo objetivo sea el de enfocar lo investigado al terreno práctico y situarlo en el mundo de la empresa, colaborando con ella, ayudándola en terrenos de diseño e investigación de productos, marketing o exportación y pidiendo contraprestaciones en las condiciones laborales de sus trabajadores a cambio. No hablamos solo de I+D+I en el sentido tradicional, lo que proponemos es la creación de una red de  centros estatales a nivel regional, capaces de gestionar planes de formación específicos, funcionar como incubadoras, desarrollar y liderar lo investigado y actuar como auténticos motores en la facilitación de un cambio en nuestro modelo de crecimiento. Si se acepta ese reto, el ministerio de innovación debería convertirse en un macroministerio presente en muchas facetas de la economía española.

  

Para ello se necesitan equipos multidisciplinares bien articulados y capaces de coordinar esa labor con una visión global. Mucho de investigación, pero también mucha presencia de profesionales de empresa al servicio del Estado y a pié de calle. Si se acepta el reto, el resultado puede ser el de una autentica revolución en la manera de concebir la relación Estado-Empresa en España y lo público pasará a liderar y facilitar lo privado sin necesidad de asfixiarlo. Si el ministerio es incapaz de crear estos consorcios y se queda en una pura salmodia académica de 4 catedráticos listos rodeados de becarios, Zapatero conseguirá un lavado temporal de cara, pero la realidad, tarde o temprano, le pondrá en su sitio.

   Personalmente soy escéptico con la apuesta del gobierno en esta materia. El I+D+I y sus aplicaciones en el mundo de la empresa tienen que estar liderados por los mejores y no solo en su directiva, sino especialmente en su ejecución. Buena planificación, pero sobre todo mucha trinchera. La pregunta es ¿Querrá ir el gobierno en este sentido?. De no conseguir bajar al suelo sus propuestas, el ministerio de Cristina Garmendia se terminará pareciendo a aquella cosa fugaz que “gestionó” Ana Birulés a principios de este siglo.¿Os acordais?. Yo no.