12 Abr
Mar Muerto; Jordania
Flotar sobre las aguas del mar muerto tiene su punto y desde luego tratar de nadar allí metido es un puntazo. Es una extraña manera de sentirte vivo observando tu propia torpeza y certificando la existencia de lugares de tu cuerpo, que ni Tu mismo sabías que existían antes de que la sal te los descubriera. Merece la pena aguantar el picor e incluso embadurnarte con el barro pestilente del fondo del lago.
Cerca de allí anda el monte Nebo, donde se supone que el amigo Moisés – que en paz descanse desde la semana pasada – vio y no cató la tierra prometida. Tiene buenas vistas y algún lugareño comentaba jocoso que lamentablemente mejoraban cuando se armaba un nuevo cristo entre árabes e israelíes; o quizá el comentario lo hiciera yo; en fin, no me acuerdo y como el humor negro no procede, lo dejaremos ahí. La iglesia de su cima presenta unos mosaicos dignos de verse. No son lugares con encanto, porque para serlo tienen que estar vivos y estos no lo están, todo lo más embalsamados. Eso si, son sitios que merece la pena conocer aunque solo sea por el espíritu curioso y divertido de pegarte un baño a dos pasos de donde naciera la civilización.




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