Es complicado escribir a ciegas sobre los procesos de cambio y en esta sección solemos hacerlo basándonos únicamente en las reglas no escritas de la psicología de grupo y de la realpolitik. Como sabéis a día de hoy los dos principales partidos de la oposición están sufriendo sendas transformaciones internas que pueden dar como resultado el fortalecimiento o no de los mismos. Si para ambos es un proceso delicado, para IU es una operación a corazón abierto.

  

Las resoluciones tomadas el pasado fin de semana por la presidencia federal suponen un giro hacia la unidad y un guiño interno a el realismo político. Es complicado controlar un proceso sin dominar la mayor parte de sus variables. En este sentido Llamazares acierta a la hora de impermeabilizar la situación y  de tratar de incluir en ella a todas sus corrientes internas. Como dijo alguien los trapos sucios se lavan en casa y es más fácil tener la ropa juntita y acertar con el detergente en la tranquilidad del hogar, que en el ajetreo de la calle. A día de hoy lo importante parece ser solventar la situación económica y asegurar la mayor presencia política posible. De los lazos que establezcan las diferentes corrientes en base a un programa común, dependerá la medida del éxito de la transición.

 

 

Sin embargo en IU existe un problema añadido. A diferencia del PP cuyo único objetivo debe de ser la unidad interna y la adhesión a una candidatura por motivos de estabilidad, la coalición es un partido de ideología y esto complica aún más la situación. No serán suficientes los acuerdos entre elites. Si IU no es capaz de fijar un proyecto que conecte ideológicamente con la mayoría de sus bases y con la mayor parte de su clientela política, dando paso a la renovación, será pan para hoy y hambre para mañana. En este sentido sus propias bases han pedido el uso de la palabra en una iniciativa con escasos precedentes. No sabemos si el manifiesto seguirá adelante; francamente lo vemos difícil, pero está claro que es un aviso a navegantes conciso y más que necesario.  Si el futuro coordinador de IU no es capaz de hacer las reformas necesarias una vez elegido/a, la coalición tendrá el mismo problema durante las siguientes elecciones; solo que con menos tiempo y multiplicado por 10.

   Cada cual cumple en la vida la función que le corresponde – o que buenamente puede -. Desde este punto de vista la de las elites ( da igual en que campo o ideología, todas tienen una tipología similar y se interrelacionan de forma parecida) es la de generar o no estabilidad. Sin embargo la ilusión viene de abajo y si la futura coordinación no es capaz de conectar con ella, IU pasará a ser un cascarón vacío de difícil solvencia política. Estas serán las funciones principales del nuevo coordinador; las de estabilizar por una parte y las de dar respuesta a la mayor parte de las expectativas ideológicas de sus votantes por otra. ¿ Quien le pondrá el cascabel al gato y hará las reformas oportunas?. No lo sabemos, pero quien sea deberá tener un apoyo masivo, pulso de cirujano, fuerza de león, habilidad de zorro y sobre todo mucha, mucha visión global. Todo un reto en el arte de la prudencia.