29 Mar
Bucarest ( Rumania)
Bucarest tiene el mismo aire que tenían el resto de las ciudades de la Europa Central comunista hace una década. Ese punto de medio desarrollo que se manifiesta en edificios grises y que me recuerda en parte a la España de mi infancia más lejana. No sé definirlo, quizá la respuesta esté en el comienzo del murmullo de las piedras tras largos años de silencio. Cuando una ciudad vive, sus piedras hablan. Cuando una nación se aletarga en un periodo histórico, los edificios comienzan a bajar el tono hasta callarse. Bucarest ha pasado la resaca y empieza a repuntar. No es una ciudad turística y dudo que llegue a serlo más allá de los ejecutivos que se dejan caer por temas de negocios. Un urbanismo desordenado y un arco del triunfo contemporáneo a imitación del parisién, no es suficiente atractivo para equipararse a Praga, Cracovia o Budapest en cuanto a lo monumental. Sin embargo la gente es amable y la ciudad cálida dentro de su puerilidad de sociedad incipiente. Hoy echan de menos el barullo de las urbes comerciales, la complejidad de las sociedades desarrolladas; mañana lo harán con la inocencia de un tiempo de transición que no volverá jamás. Mientras tanto la ciudad va complicándose a la espera de todos los jóvenes que han emigrado, de todos los que quieren emigrar e incluso de aquellos que no emigrarán jamás.
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