Siempre es mejor que algunas multinacionales dediquen parte de sus beneficios a obras benéficas que a engordar el bolsillo de sus accionistas. Da igual por que motivo lo hagan, es indiferente que su objetivo sea el de mejorar su imagen pública para seguir ganando más y más dinero en el futuro o que realmente haya una intención filantrópica, lo cierto es que la acción en sí es positiva y siempre es mejor algo positivo que algo que no lo sea.

  

El problema viene cuando algunas empresas comienzan a posicionarse en mercados peligrosos con motivos poco claros. En este sentido Coca cola – y no solo coca cola –  lleva años interesándose por el futuro mercado del agua. Si hacemos caso a los analistas, gran parte de los conflictos que vendrán en los próximos años tendrán el líquido vital como elemento central. Es bueno que Coca cola potabilice toda el agua que pueda allá donde le sea posible, lo que empieza a parecer extraño es que lleve mucho tiempo comercializándola en gran parte de Latinoamérica y otros países en desarrollo. Si las empresas privadas siguen gestionando espacios tan claramente ligados a lo público es una cuestión de tiempo que la erosión de los estados se acentúe y que veamos como se crea legislación que lo termine avalando.

  Sin embargo ¿que se puede hacer cuando determinados Estados no tienen fuerza para desarrollar proyectos potabilizadores en sus propios acuíferos? . Tal vez una cooperación seria al desarrollo tendría mucho que decir en este sentido; lo cierto es que si el mundo privado termina por dominarlo todo, cuando nos demos cuenta será tarde para pararlo y ese día puede que cueste dinero una parte del aire que respiremos.