No dejes que la realidad te estropee una buena noticia. No soy periodista, pero si tengo el suficiente sentido del humor como para apreciar el valor de está vieja frase. Las portadas de los periódicos que vimos el Viernes y las que hemos visto hoy, ni sorprenden a nadie, ni aportan nada nuevo. Resulta patético ver como las líneas generales de los grandes rotativos españoles siguen defendiendo sus tesis independientemente de lo que pase en el mundo que nos rodea.  

En un país tan crispado como el nuestro, donde la política se ha transformado en el arte del berreo pueril y el ventilador a cascoporro siempre es “reconfortante” ver como el periodismo lidera la actualidad apuntándose a la fiesta. Tras los debates, La Razón, ABC, Libertad Digital o El Mundo dieron la victoria a Pizarro y a Rajoy mientras El País, La Vanguardia o Público hicieron lo propio con Solbes y Zapatero.¿A alguien le llama la atención?.España sigue siendo un país de caciques donde el “amiguismo” y el “nepotismo” prima en todas las esferas por encima de la capacitación, el talento o la verdad.  

Desde esta premisa la formación de mafias en torno al poder y el control informativo, social o administrativo es sencillo. En las alturas los intereses se comparten y a medida que bajas peldaños, la mediocridad de la gente asegura el inmovilismo acrítico. No hay nadie más dispuesto con el poder que un mediocre, nadie más sibilino y destructivo con el talento que el que se siente amenazado por El y nadie más traidor con la verdad que el que necesita falsearla por su incapacidad para interactuar con ella. Es complicado que un país termine de dar el salto cuando sus ciudadanos más capacitados tienen que abandonarlo para poder desarrollarse. Es complicado que un país evolucione cuando la independencia suele ser el principio de un camino que no lleva a ninguna parte; pero eso empieza a ser España, un país donde el capacitado es el enemigo, lo bueno no importa, la verdad es una anécdota y los intereses creados encorsetan la sociedad y acentúan el servilismo. Una pena.