24 feb
Viena (Austria)
Si Praga es la princesita caprichosa y malcriada, Viena se nos presenta como el sueño frígido de Sisí emperatriz. Su atmósfera refleja en sus rincones lo opresivo del matrimonio por conveniencia y la majestuosidad helada del que no te desprecia porque no se molesta en saber que existes. No hay magia en Viena, ni en el Danubio, ni en su catedral, ni en ninguno de sus jardines o edificios monumentales. Todas las ciudades que están hechas para que el viajero no se sienta cómodo tienen en común que no suelen verme dos veces. Viena ha sido una excepción por motivos casuales.
La primera vez que estuve en la capital austriaca nos emborrachamos y tuvimos una noche especialmente dispuesta a conocer gente. Fue divertido a pesar de una ciudad que miraba estupefacta como violábamos todas sus normas no escritas sobre etiqueta, con el cinismo corrosivo del que sabe que incomoda y lo hace conscientemente. Solo por eso, por ser capaz de provocarnos aquella necesidad de sublimación festiva está entre mis lugares con encanto. Un motivo raro, lo sé; pero puestos a hablar de gente rara….. a ellos se lo parecimos muchísimo más.
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