9 feb
Bratislava: Eslovaquia.
Hace unos años Bratislava era una sorpresa para los balas perdidas que nos desviábamos de las rutas típicas. En el interior de una ciudad gris inundada de grandes bloques y calles descuidadas, aparece un casco antiguo que sorprende por su sencillez y eficacia. Lo bonito de la capital eslovaca es que le da la espalda al tiempo y el viajero es un testigo más en el ritmo lento y afrutado de sus gentes. No hay evolución forzada en un enclave que sabe a pueblo y se mueve ante tus ojos de forma casual, sin intentos artificiales de agradarte o deslumbrarte. Con todo, Bratislava es una mezcla interesante de arquitectura mediaval y toques contemporáneos, que se funden en una idea tan infantil como poco pretenciosa. Es justo ahí donde aparece el encanto y te provoca una sonrisa entrañable de ambiente conocido y a la vez extraño. No impacta, no maravilla ni embelesa y aunque se visite en una tarde; debes ir a verla.
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