Al poco de llegar Sarkozy al poder pronosticamos que no tendría un segundo mandato. Pocos meses más tarde su popularidad se encuentra en el punto más bajo de su legislatura. No somos Nostradamus, solo se necesita pensar con un poco de lógica desde la óptica adecuada. Cuando se forma un gobierno de salvación nacional y alguien es capaz de convencer a todo un país de que tiene la llave del cambio, las desilusiones son igual de viscerales de lo que lo fueron los apoyos. En ese sentido tanto el gobierno de Sarkozy, como su vida privada se han metido en una espiral de hiperacción social “cutre” que terminará pagando el gabinete.

  

El carisma es así y parece que Sarkozy lo tiene. ¿ Acabará colgado en la vía pública como Benito Mussolini?. Políticamente creemos que Sí. Desde un país en el que echamos de menos el liderazgo de nuestros políticos, no deja de ser curioso poder observar como en Francia se ha producido el fenómeno inverso; el de la obcecación con el magnetismo de un hombre que parece ir diluyéndose a medida que el Marketing no es suficiente y que la realidad se impone dejando entrever que sus ideas reformistas no son tan innovadoras.

  

 Sin embargo debemos reconocer que Sarkozy consiguió ilusionar a los franceses durante algún tiempo y devolver ese punto de seducción a la política que no debería perderse nunca. Mientras la sociedad civil no avance y sea incapaz de conquistar unas cotas de poder frente a la clase política, que NUNCA ha tenido y que debe tener, al menos que nos den pasión. Suárez, Carrillo, Gonzalez, Guerra, Tierno, Fernández Miranda e incluso Fraga.¿ Ubi sunt?.

  

En la España de hoy la talla política retrocede frente a lo mediocre y las excepciones son contadas. ¿ Que han estado haciendo ambas partes durante los últimos 4 años?. ¿Para que pagamos a una clase política que no ha sido capaz de hacer nada para adelantarse a una recesión que muchos veíamos venir desde hace tiempo?. España no necesita una derecha de obispos, caciques y manipuladores ofuscados con el beneficio a corto. España no necesita una izquierda parapetada en el buen rollito y lo políticamente correcto. Necesita más, muchísimo más y para eso paga.