2 Feb
Tren Varsovia/Cracovia. (Polonia)
Hoy Polonia es uno de los países que integran la unión Europea y los viajes regulares son constantes, pero hace apenas 12 años, aterrizar en Varsovia era irse muy lejos. Si no te gustan los aviones, que te desvíen a Berlín después de dos intentos de aterrizaje frustrados por la niebla no es gracioso y todavía lo es menos si te meten en otro avión y llegas a Polonia un Enero cualquiera de 1996, a las 2 de la mañana y con 15 bajo cero. No puedo deciros como es Varsovia porque realmente no la conozco y no contaré en este post nada sobre Cracovia. Lo que realmente me impresionó fue la estación de tren que une las dos ciudades.
Hace más de una década un extranjero en Polonia era un tipo raro. La estación polaca no lo era y como tantas otras a esas horas era un hervidero de gente extraña deambulando sin un destino concreto, durmiendo o echando un trago. Hasta ahí más o menos normal, sin embargo la cosa cambia cuando llamas la atención y cuando el concepto sobre espacio de privacidad de los que te rodean no es el mismo que el tuyo. Nunca he tenido tanta gente mirándome fijo a tan escasos centímetros de mi cara; primero uno, luego otro y así hasta completar un carrusel de 8 o 10 personas.
Tener cierto aspecto macarra es algo que me ha ayudado con los problemas de seguridad en los viajes hasta hace algunos años. Como decía un amigo peruano cuando me fui a vivir a México: “ huevón, tranquilo, seguro que das más miedo tu que el que tienes delante”, pero ese día la salida del tren me echo un capote…. o al menos eso pensaba.
El tren que unía las dos ciudades por esas fechas era una mezcla entre el de la bruja, mi antiguo coche y la pequeña tienda de los horrores. Su aspecto era más o menos como el del costa vasca solo que aún más deteriorado. Afortunadamente mi compartimento estaba vacío y conseguí relajar los ojos unos segundos hasta que empecé a sentirme observado. Un puntazo. La misma historia que en la estación, pero ahora a través de la cristalera que me separaba del pasillo. No sé hasta que hora estuve así, porque cuando mi di cuenta de que solo era curiosidad, me quedé dormido. No pasó nada y me desperté en Cracovia 5 horas después, habiendo decidido que el conjunto monumental que formában la estación de tren de Varsovia y el tren de la bruja que la unía con Cracovia, era un lugar con carisma. Quizá no el suficiente como para que relate el post en prosa poética, pero desde luego sobrado para estar entre mis lugares con encanto.




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