La conferencia episcopal nos pide discretamente el voto para el partido popular. Desde que cogí la borrachera de mi vida con un escocés no suelo hacerles demasiado caso a los hombres con falda, pero nuestros doctores espirituales se empeñan una y otra vez en guiarnos por el sendero correcto y en ser la luz de nuestras inquietudes más inmediatas.

 

  Lo cierto es que desde los tiempos de Tarancón nunca hemos visto tanto jaleo en la casa de Dios como en estos últimos años. ¿Será una estrategia para conseguir levantar el número de asistentes?. Quizá si. Siempre son más divertidas las portadas y los debates públicos que la soledad ermitaña de los monasterios, así que parece que los obispos han tomado abiertamente la opción de la publicidad y el márketing televisivo ¿ Quien le pagará al Padre Apeles la misión divina de mostrarles el camino?.

 

   Resulta folklórico ver como todos unos señores octogenarios se empeñan en perseguir a una sociedad que hace tiempo que les da la espalda, mientras siguen contando una y otra vez las mismas historias de diablos y brujas. No soy demasiado anticlerical. No me gusta perder el tiempo.