Salivaba el obispo de Tenerife como el perrito de Paulov mientras hacía unas declaraciones en un diario local Canario. De la perfidia y la maldad provocadora de los niños y niñas de 13 años ya nos avisaba Nabokov en su obra más célebre y Monseñor Ibáñez hace bien en recordarnos que dentro de nuestros hijos no se encuentra el cuerpo de Dios, sino el rabo de Satanás. Lamentablemente muchos de los que han estudiado en un colegio de curas saben muy bien a que se refería el canario. Monseñor Ibáñez  ha sufrido solo un pequeño lapsus y su error más grave ha sido el de dejarse ver  demasiado. Nada que no pueda perdonarse en otra vida con un poquito de oración en esta. Visto lo visto, ¿ Cómo no ser indulgentes con un pecado tan corporativo y episcopal como el de moldear el cuerpo de un adolescente? ¿ Acaso no están en edad de formarse y ser moldeados?. Lo cierto es que últimamente la Iglesia patina demasiado en los mismos barrizales y los casos de pedofília se multiplican en su seno. No entiendo que utilidad aporta a la sociedad una institución como la de la Iglesia en pleno siglo XXI. No entiendo como el Estado español sigue soportando a una cuadrilla de vagos y haraganes que, salvo honrosas excepciones generalmente mal vistas dentro de la institución, se limitan a ser consuelo de viejas y azote del sentido común. No entiendo muchas cosas; pero afortunadamente para eso tenemos a Monseñor Ibáñez, para explicarnos con apostólica paciencia todo lo que no entendamos.