Pa salir del Mileurismo: Buscando alianzas

El otro día en su articulo (por cierto, bastante bueno a mi gusto), el bueno de Bruno hablaba de una serie de cosas que se pueden poner en relación con lo que quisiera comentar aquí. Hablaba por ejemplo del día en el que la famosísima constitución europea (con minúsculas a propósito) sea aprobada siguiendo la doctrina de la cojoncina, o sea, por decreto y chimpún, como tiene que ser.

Que no se engañe nadie: lo de la constitución europea, así como lo de Europa en si mismo, es ante todo un intento de dar una mayor dimensión a las entidades políticas estatales ya existentes, para tener una mayor capacidad de negociar con otras fuerzas, sobre todo las económicas con el fin plantar cara a la competencia exterior: el problema que existe para que eso pueda llegar a tener unas dimensiones social y ciudadana reales, es que realmente la política represente un poder (entendido este como la capacidad real de imponer la propia voluntad): En un mundo globalizado y bla, bla, bla… el auténtico problema es que el poder político esta mas en lo formal que en lo real. Aunque nos parezca que no. Personalmente, me niego a pensar que TODOS nuestros políticos son unos auténticos hipócritas. Por mera ley de probabilidades, estoy convencido de que tiene que haber algun@ que se crea un mínimo los valores a los que representa. Quiero pensar que entre todos aquellos que miran de reojo al liberalismo imperante y la barra libre al poder económico (supuestamente entre ellos los que imperan deben ser los de la izquierda – aunque si la limpiamos de “caviaristas” y de talibanes, no sé que es lo que nos queda, de verdad-) alguno se crea que lo que hace va encaminado a la generalización de los valores de ciudadanía. Pero veo ahí un problema muy gordo: dado entre otras cosas el profesionalismo político del que hablaba surco y dada la carrera por la poltrona (lógica, pero no siempre conveniente para todos los partidos ni para sus representados) la política sigue siendo pensada en LOCAL: la visión de nuestros políticos cuando va destinada en allende las fronteras, se reduce básicamente a geoestrategia en términos de mercado y de materias primas. Solo se habla de valores y de ciudadanía para hacer los mismos discursos de encantadores de serpientes que se repiten siempre cuando toca.

Dentro de este diagnóstico personal (espero que no quede demasiado pedante o ingenuo), la semana pasada se comento una de las ideas para salir del mileurismo desde el plano de vista de la política. La misma era la de que la acción política sea racional, pero que este guiada en su desarrollo con acuerdo a valores; en el centro de esos valores, los de la ciudadanía. Si no, meémosnos directamente en constituciones y administraciones y acabamos antes.

 Hoy toca la segunda, y es la idea de que la política desarrollada por los partidos o facciones que se opongan a una simple mercantilización de la sociedad debe ir mas allá de la lógica electoral y sobre todo mas allá del esquema estatal o regional a la hora de desarrollar acciones conjuntas, con el fin precisamente de que los valores de ciudadanía (libertad, igualdad, fraternidad) sean los que se impongan. Una cosa tiene que quedar clara: en este momento, productos de toda índole y flujos financieros se mueven casi sin fronteras: donde mas barato sea producir, se producirá; donde mas caro sea producir, se dejara de producir, al tiempo que se bajaran los salarios. O los políticos, en orden a lo justo y deseable, se pelean por conseguir también una influencia global en sus decisiones a base de alianzas y programas compartidos, olvidándose de visiones locales, electoralistas y cortoplacistas, o nos seguirán lloviendo siempre las mismas ostias en la misma mejilla, hasta que nos pese seis kilos mas que la otra. Hala, hasta otra.