Por si no fuera poco con la abundante oferta de productos a la que somos sometidos todos los días en la calle (escaparates, anuncios) y en nuestras casa (televisión, propaganda y ofertas por correo), ahora parece que de lo que se trata es de cazarnos, engañarnos, seducirnos o aburrirnos para que consumamos tal o cual producto o servicio. De las tímidas llamadas del telemarketing de hace no mucho (una al mes), hemos pasado a abusivas campañas diarios de ofertas por teléfono, en la que, además, te ves sometido a un cuestionario sobre tu vida privada por parte de alguien que dice ser nosequien. Por otro lado, en la calle, utilizando el truco de la falsa camaradería eres asaltado para ser objeto de presuntas encuestas que, a la postre, son ventas encubiertas o estudios de marcado. Además, utlizando artimañas de toda índole, presuntas comerciales de gas o de elctricidad se plantan en la puerta de tu casa con el propósito de robarte tus datos personales para darte de alta en otra compañía. Así, hasta la naúsea.

¡Basta ya! ¡Que nos dejen vivir tranquilos!