Si hay en el sistema educativo, en la actualidad, una relación basada en la incomprensión, la ignorancia y las ideas fundadas en juicios promocionados por los enemigos de la educación, ésta es la de padres y profesores. Del prestigio que los docentes tenían no hace mucho, se ha pasado a un descrédito casi absoluto y a unas demandas de responsabilidad desorbitadas. De nuevo, hay que hablar aquí de la funesta influencia de los discursos ideológicos que sobre la educación campan a sus anchas en los medios de comunicación. Discursos, por un lado, extremadamente alarmistas sobre la llamada “violencia en las aulas”, cuyo único interés es criminalizar a los adolescentes, desgastar la imagen de la educación pública y, sobre todo, fomentar nuevas medidas de vigilancia y represión.Y,  por otro, resulta paradójico que estos mismos medios fomenten una idea de la educación entendida como entretenimiento y diversión, como si ir a la escuela o al instituto hoy fuese sinónimo de acercarse al centro comercial o a un parque temático.