En Chile sí que son solidarios. Vamos, que hasta las putas son solidarias.

Dice la agencia AFP que María Carolina, una mujer de vida pública en ese país, ha ofrecido 27 horas del fruto de su trabajo para colaborar con una telemaratón, de nombre ‘Teletón’ (qué original), para ayudar a los niños discapacitados. 

La reflexión habitual suele ser: “en vez de hacer a la pobre puta trabajar tanto, no podrían las dichosas televisiones donar todo el dinero que saquen a través de la publicidad en esas 27 horas?”. Y la respuesta que no se atreven a dar las susodichas: “Ya, pero es que eso es mucho, y apenas se nos va a ver”.

Pero reflexiones aparte, veamos. Si María Carolina cobra 300 dólares por hora y media ¿Cuánto dinero se llevarán los niños gracias a esta santa puta? Parece un problema de los cuadernos de Rubio. Tal vez si los ejercicios que en ellos nos planteaban hubieran tenido enunciados más atractivos, cómo el que nos ocupa, los niños de nuestra generación habríamos tenido más interés por las ciencias.

 

En fin, que los niños discapacitados chilenos van a tener que agradecer 5.400 dólares a esta nueva heroína. “Voy a poder colaborar con mi trabajo en una tarea que me emociona”, afirmaba nuestra beata sexual.

De todas formas, siempre hay quien tiene algo que decir, que no está mal protestar, pero contra alguien que, lejos de hacer daño a nadie, favorece a unos, a otros y a sí misma, se jode bien jodida en pro de los niños, tal vez debería dejarse a un lado la moralidad cristiana y aceptar su ofrenda.

 

¿Que quién es el monstruo come-niños que no deja a María Carolina prodigar su bondad sexual? Don Francisco (Mario Kreutzberger), un conocido animador televisivo chileno cuyos marcos morales están fuera de la propuesta de Carolina.

“¿Cómo pueden cuestionar cuando alguien quiere poner su trabajo al servicio de una causa noble?”, se pregunta María Carolina ante los medios de comunicación.

Por mi parte, reafirmarme una vez más, aunque no por esta anécdota en particular, en mi convicción de que la fama del oficio de estas mujeres, y de ellas, necesita de una reconsideración. Qué menos.