Al margen de los calificativos que los medios de comunicación estén poniendo a los fenómenos de resistencia y de violencias urbanas que se están produciendo últimamente, los mismos demuestran un importante descontento social que ya no puede ser sosegado con los recursos al uso: ONGs, sindicatos, voluntariado, partidos, asociaciones. Esta violencia urbana es el producto de las desigualdades, de las injusticias y de las mentiras de una democracia de tecnócratas y cuyas consecuencias son cada vez más difíciles de ocultar a la opinión pública. Es el momento de reivindicar la radicalidad en los discursos y una reflexión en profundidad sobre nuestras prácticas políticas en el espacio contemporáneo, teniendo en cuenta que estas violencias son fácilmente instrumentalizadas por el Estado-policía y por sus servicios de tergiversación mediática. ¡Ánimo y a las barricadas intelectuales!