Zhao Ligun es un vendedor de lotería chino al que le han ligado, y el hombre va a pagar con una vida entera en la cárcel por algo que aquí a uno, como mucho, le llevaría al late night televisivo de viernes y sábados.

 

Hasta ahora, el bueno de Zhao se ganaba al pan trabajando como un chino en sus tres quioscos de lotería. Suponemos que con tres quioscos de lotería para pan ya le daría. Igual hasta podía plantearse abrir, además, una panadería.

 

Pero casualidad, el día que se hartó de comer tanto pan y pensó que se merecía algo mejor, tuvo la suerte de descubrir la forma de hacerse con billetes una vez que el premio ya estaba anunciado.

 

Imagínense el subidón: anuncian el ceromil cerocientos cercero, va uno a por él, y venga, pasta por un tubo. Y así, uno tras otro, nuestro Zhao se metió en el bolsillo más de dos millones y medio de euros.

 

Los vecinos y amigos del señor Ligun también se beneficiaron de su ingenio, ya que los invitaba “a que compraran los billetes y que cobrasen los premios en el Centro de Lotería del Bienestar de Lianing”, según el tribunal de Anshan, de la provincia de Heilongjiang.

 

El problema llegó cuando el centro se dio cuen de la jugarreta y avisó a esta gente que ajusta las cuentas a los cocodrilos. Y claro, si el cocodrilo paga, Zhao no iba a ser menos: la sentencia le ha confiscado todas sus pertenencias y lo ha mandado encerrar el resto de sus días.

 

Eso aquí no pasa.