Nuestro colaborador Jon Dornaletxe reflexiona sobre las condiciones laborales en la universidad.

Soy profesor por vocación. No hay nada que me pueda hacer más feliz que el gesto de complicidad de un alumno o alumna cuando siente que está aprendiendo. Bueno, quizá el sueño de ser actor porno siempre sobrevuela mis más íntimos deseos, pero no creo que tenga los huevos para llevarlo a cabo.

Lo que sí tiene huevos es que tenga alumnos de prácticas en empresas que ganen más que yo. Por cierto doy clases de publicidad en la Universidad de Valladolid (campus de Segovia) como profesor asociado 6+6.

Para los que no estén familiarizados con esta figura institucional aclararé un par de cuestiones. Un profesor asociado es un docente que debe tener algún tipo de vinculación contractual con el mundo laboral al margen de la universidad. De hecho, se supone que sólo puede enseñar cuestiones que estén directamente relacionadas con la labor que desempeña en su ‘otro trabajo’. Siempre pongo el mismo ejemplo: imaginaos un abogado de éxito que dirige su propio bufete especializado en derecho marítimo y que busca otro tipo de experiencias porque está hasta las pelotas de tanto tribunal. Entonces se le ocurre que sería buena idea transmitir todos los conocimientos que le han llevado a triunfar a las nuevas generaciones de juristas. Entiendo que la figura de profesor asociado funciona para dar cobertura a personas con conocimientos muy específicos que pueden enriquecer los temarios de las asignaturas volcando en ellas toda su experiencia laboral.

¿Es ese mi caso? No. Tengo la suerte de trabajar para una editorial. Ese es mi ‘otro trabajo’. Si digo que tengo suerte es porque es la editorial de mi familia. Es una editorial pequeña que lo justo da para pagar los sueldos de los trabajadores pero que, en cualquier caso, es una editorial que heredaré porque encima tengo la suerte de ser hijo único. Vamos que ya no os doy tanta pena. No recibo una paga fija. Trabajo como diseñador gráfico freelance sólo que facturo a través de la editorial. Es decir que cobro en función de los curros que me busco.

El caso es que a la Universidad de Valladolid le da igual mi experiencia laboral a la hora de contratarme como profesor asociado cuando mis asignaturas son Técnicas de Expresión Oral y Narrativa Audiovisual Aplicada. Lo paradójico es que estoy seguro de que no sería mejor profesor si mi asignatura consistiera en explicar a mis chicos y chicas el funcionamiento de una editorial por que mi formación teórica encaja perfectamente en las asignaturas que imparto y encima es que me encanta.

Bien. A lo que voy es que a la Universidad de Valladolid y a la Universidad española en general le interesan este tipo de contratos basura para rellenar docencia por menos de la mitad de lo que le costaría un profesor ayudante no doctor. A la Universidad de Valladolid no le importa estar incurriendo en una ilegalidad cuando sobrepaso los créditos docentes que corresponden con mi contrato y que haya profesores titulares y catedráticos que se queden en menos de la mitad de los créditos que les corresponden. Esto sí que tiene huevos.

Mucha gente me dice que lo que tengo que hacer es sacarme el doctorado para aspirar a algo más y nadie lo sabe mejor que yo. Estoy en ello. En seis meses espero ser doctor en publicidad y relaciones públicas. Pero espero que entendáis que me cueste doctorarme cuando tengo que preparar las clases de mis dos asignaturas, dar créditos de otros profesores y entregar los diseños gráficos de mi ‘otro trabajo’ a tiempo.

La universidad me paga 560€ al mes. Y ahora he llegado a un acuerdo con mis padres para que me subvencionen lo que me queda para depositar la tesis. Mi novia, que es muy maja, también me ayuda. Vivimos juntos desde hace 5 años en Lavapiés (Madrid) aunque somos pamplonicas. Imaginaos cómo le sienta a mi bolsillo lo de ir y volver a Segovia los días de clase.

Es patético, siempre digo que me gusta tanto lo que hago que lo haría gratis. Mi conformismo es patético. Así va el mundo. Tengo que cambiar de mentalidad porque la razón por la que digo eso es que soy un jodido afortunado al tener una familia que me apoye. No vivo con mis padres físicamente desde los 17 años pero en realidad ni si siquiera me han cortado el puto cordón umbilical.

Desde esta nueva plataforma de activismo ciudadano, reclamo más contratos para la formación de profesorado universitario. Contratos con los que gente en mi situación –que somos muchos– podamos llegar a ser mileuristas y andar jodidos con el alquiler y pasarlas putas pero al menos sin dar el coñazo a la familia para poder centrarnos en llegar a ser mejores profesores que es de lo que se trata.

Echad un vistazo a algo interesante www.pamiela.org