6 Nov
Desde bien joven (en mi casa había un ambiente bastante politizado) he oído mencionar la transición española como un ejemplo a seguir por el resto del mundo. A fin de cuentas pasamos de un régimen autoritario dirigido por una sola persona (en teoría, aunque la práctica es, sin duda, mucho más compleja) a una democracia parlamentaria en “toda regla”. Todo ello sin derramamiento de sangre, ni alzadas populares, todo muy hermoso y aséptico.
Si señor, las nuevas libertades ya estaban aquí. Ni violencia, ni levantamientos, ni nada de nada.
De pronto Franco era oficialmente un hijo de puta, como todos los dictadores una vez su régimen ha expirado y se pueden decir las cosas que uno piensa tal y como las piensa. Es curioso que un tipo tan odiado (ahora, por todos) tan vil y tan malvado se muriera tranquilamente en la cama sin ninguna preocupación, según él lo tenía todo – ”Atado y bien atado”.
¿Atado? ¿El qué? Me he estado preguntando los últimos quince años más o menos. No ha sido hasta hace bien poco que me he percatado de a qué se refería un hombre que fue el general más joven de España, un tipo que se rió de Hitler a la cara, que se ganó el apoyo de la Otan consiguiendo una interferencia mínima en su régimen y que, finalmente, sentó las bases de lo que sería España 30 años después.
A fin de cuentas cuando Franco vivía sus últimos años las dictaduras tenían muy mala prensa dentro de la Europa occidental, Paco (o sus inteligentísimos asesores) era bien consciente de que el régimen una vez él hubiera fallecido no tenía solución de continuidad. Pero a fin de cuentas el régimen había sido un garante de que la España de siempre (el poder y el capital de toda la vida) no se viera amenazado por el vulgo profano que quería su trocito del pastel y no estar ganando toda la puta vida mil euros (de la época) mientras las grandes corporaciones estatales en manos de 4 gatos bien cebados mejoraban sus exagerados beneficios año tras año.
Pues bien, a la muerte del Tirano se elige un nuevo presidente, Adolfo Suárez González , que había ocupado importantísimos cargos bajo Franco (director de RTVE por ejemplo). El jefe de estado es el que Paco había designado, pues Don Juan Carlos de Borbón y Borbón había sido elegido como delfín por el mismísimo. Nadie se mueve, nadie molesta ni al gran capital ni a los poderes hasta la fecha. Por eso no hay derramamiento de sangre. A nadie se le piden cuentas de qué ha estado haciendo durante el mandato dictatorial. No pasa nada.
A la hora de elegir una nueva constitución, su confección se encarga a 7 señores:
Gabriel Cisneros (UCD), José Pedro Pérez Llorca (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Miquel Roca i Junyent (Minoría Catalana), Manuel Fraga Iribarne (AP), Gregorio Peces-Barba (PSOE) y Jordi Solé Tura (PCE).
De entre los mismos, 4 de ellos habían ocupado importantes cargos durante el régimen franquista (todos los de UCD y Don Manuel). Con lo cual el antiguo régimen también gana en este aspecto por mayoría. Una población española ávida de libertad y de paz (al fin paz) vota como loca esta nueva constitución casi sin leerla.
Pero, ¿Qué cambio? En casi todos los países en los que un dictador es derrocado su familia se pasa a cuchillo o es exiliada. No se atienden las instrucciones dejadas por el dictador y sus amigos políticos tienden a sufrir un destino similar al de su familia.
Pero aquí la familia de Franco vive a todo confort, sus amigos siguen mandando (o sus hijos y nietos, como en el caso de varios dirigentes del PP) y tenemos el rey que Franco quiso para nosotros y si decimos que no nos gusta somos persona non grata en el país de por vida… Vamos, que el cambio más grande de esta nueva época, es que nos cuesta diez veces más comprar un pisito.
¿Cómo no va a ser la transición un ejemplo de paz si no ha existido?
Bruno




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